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La Costa de Ámbar: Puerto Plata, Sosua, Cabarete, La Isabela, Rio San Juan Entre la ecléctica colección de destinos turísticos a lo largo de la Costa de Ámbar de la República Dominicana hay algo para todos los gustos. Cada ciudad o pueblo dispone de una gama de actividades tan variada como lo es la topografía de la región, una asombrosa mezcla de montañas como telón de fondo, playas bañadas por las tibias olas del mar y valles en los que ondean las palmeras. Si hubiera que señalar una característica común de la zona sería el ámbar. Esta joya semipreciosa en realidad es una especie de resina de árbol originaria de la región y endurecida durante muchos milenios. Al extraerse se obtiene una romántica piedra terrosa cuyo color puede abarcar desde un vivo amarillo hasta un anaranjado oscuro más opaco. Fue aquí, en la costa norte del país, donde el turismo masivo llegó a la isla por vez primera en los años setenta. En el tiempo transcurrido desde entonces, la región ha sabido desarrollar sus múltiples y muy especiales atractivos. Sin embargo, para descubrirlos hace falta salir de Puerto Plata, el enclave turístico principal. Aunque muchos visitantes efectivamente llegan con el único fin de relajarse en las playas doradas que agracian las afueras de esta ciudad, también se trata de un excelente punto de partida desde el cual realizar excursiones a algunos de los destinos más fascinantes y originales de la isla. A una distancia de entre 45 y 90 minutos en carro desde el aeropuerto internacional de Puerto Plata, comunidades como Sosúa, Cabarete y Jarabacoa rápidamente se están convirtiendo en los destinos favoritos de la República Dominicana. Hacia el Oeste se encuentra La Isabela, el primer asentamiento de europeos en el Nuevo Mundo, mientras que Montecristi guarda con orgullo un rico legado histórico en las plantaciones que bordeban el delta del río Yaque del Norte. Para los golfistas existen opciones como el campo de golf diseñado por Robert Trent Jones Sr., con vista al mar, que forma parte del complejo hotelero de Playa Dorada. Al avanzar hacia el este sobre el tramo central de la costa norte del país, en Río San Juan, Playa Grande ofrece un precioso campo de golf de 18 hoyos también diseñado por Trent Jones. Este desarrollo turístico relativamente nuevo se está ganando a grandes pasos la reputación de contar con la más bella playa de guijarros de las Antillas, la cual sirve de vitrina perfecta a las 12 pistas que dominan los riscos y las bahías azules del Atlántico tropical. Puerto Plata Cuando los intereses de España se desplazaron a Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba en el siglo XVII, Puerto Plata se quedó sin grandes industrias ni importantes poderes gubernamentales. No tardó en convertirse en un centro de reunión preferido por piratas y contrabandistas. Durante varios siglos la ciudad fue un lugar de mucho colorido, donde se ganaban y se perdían fortunas en el comercio ilícito. Los malandrines y los comerciantes locales traficaban con azúcar, cuero, tabaco, esclavos y ron. Hoy día, en sus paseos por la ciudad vieja, los turistas pueden contemplar el gran número de casas victorianas con sus delicados y garigoleados adornos tipo "pan de jengibre". El principal atractivo de la ciudad es el Museo del Ámbar, ubicado en una casa neoclásica de dos pisos construida en 1918. En el piso superior, el museo presenta una gran cantidad de información sobre el tema de la historia de la exploración del ámbar, además de raras piezas distinguidas por los fósiles antiguos atrapados dentro de la resina. Diminutos insectos y hojas crean dibujos exóticos en estos ejemplares fosilizados, algunos de los cuales llegan a valer hasta 50 mil dólares. Por su parte, en su planta baja el museo posee una tienda bien surtida con una amplia variedad de alhajas y otros objetos de ámbar para todos los presupuestos. En las afueras del pueblo le espera el Teleférico, listo para subirlo a la cumbre de la montaña Isabel del Torres. Lleve su cámara: la vista del pueblo y de la costa norte es realmente impresionante y en la cumbre además está la estatua de Cristo Redentor que protege a los habitantes de la bahía, parecido a la figura que cuida a Río de Janeiro. Un paseo por el jardín botánico, con sus flores multicolores, completa la jornada. Para los amantes de las playas, una de las más pintorescas Cofresí, una pequeña caleta de perfil ondulante donde es posible admirar la salida del sol entre la hilera de palmeras que crecen en la punta más extrema de la bahía. Si usted es un romántico de corazón no debe perderse este espectáculo. Levántese temprano y únase al pequeño grupo de parejas que todas las mañanas se pasean por ahí descalzos y tomados de la mano mientras saborean una buena taza de fuerte café dominicano. Sosúa En términos generales Sosúa es una especie de vuelta atrás al clásico destino turístico del Caribe construido en torno a un pintoresco pueblo de pescadores, cada vez más difíciles de encontrar hoy día. Muchos de los residentes son inmigrantes europeos, pues durante la Segunda Guerra Mundial, Sosúa sirvió de refugio para colonos judíos buscando escapar de la persecución en Europa. Hoy día, una sinagoga en el pueblo le da la bienvenida a todas las creencias, un fiel reflejo de la vida en Sosúa. Esta mezcla excléctica de razas y religiones convive en armonía, y muchos dicen que es gracias a la inigualable belleza del lugar. Cabarete Por su parte, la actividad que tiene lugar en la playa es igual de entretenida que la acuática. Todos los meses, miles de jóvenes entusiastas de la tabla de windsurf acuden a Cabarete desde todas partes del mundo para probar las aguas y luego disfrutar de deliciosas cervezas Presidente. De ahí resulta una mezcla bohemia de culturas y los visitantes de lugares tan lejanos como Nueva Zelanda, Japón y Sudáfrica se echan a las olas al lado de los expertos locales, curtidos por la intemperie, que son capaces de poner su tabla a bailar cabeza abajo sobre las olas. Y si a usted el windsurfing no le interesa y punto, aun así encontrará mucho qué hacer. Algunas de las empresas más grandes de turismo de aventura en la isla ofrecen diversos paquetes con oportunidades para explorar las cuevas de Cabarete, montar a caballo, ir de excursión u observar las aves, ya sea en Laguna Cabarete, detrás del pueblo, o entre la frondosa y espesa vegetación del campo circundante. Ante la presencia de todos los fanáticos de las olas en Cabarete ha brotado frente a la playa una variedad muy ecléctica de abarrotados bares y restaurantes, con una oferta culinaria que por lo general no se asociaría con la República Dominicana. Esta diversidad gastronómica es otro de los muchos placeres que ofrece Cabarete. Desde 1988, cuando el poblado playero fue sede de la Copa Mundial de Windsurfing, la infraestructura de restaurantes ha seguido creciendo y constantemente se agregan bares decorados a lo maya o restaurantes tipo hawaiano. Muchas veces sus deliciosos platillos —como los palitos de pollo con maní tailandeses, los linguini con langosta y los caracoles más frescos de la isla— incluso inducen a los visitantes a alojarse espontáneamente en un hotel de Cabarete por una noche. Pero ya sea que sólo piense quedarse un día o que decida permanecer por un tiempo, tiene que ir. Definitivamente vale la pena. Lo Que No Se Puede Perder
Fotos cortesía del Ministerio de Turismo de la República Dominicana
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