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Tabaco y ron dominicanos, entre los mejores del mundo Para realmente apreciar por qué el ron y los cigarros o puros dominicanos figuran entre los mejores del mundo, hunda sus manos profundamente en la tierra de cualquier campo de cultivo en los alrededores de la ciudad de Santiago, en el noroeste. Es una tierra mágica. Con frecuencia se le ha llamado "granero del Caribe" al valle de Cibao, a causa del mantillo fértil que es uno de los más abundantes en todo el mundo. El paisaje es húmedo y exuberante, y en él la Madre Naturaleza ha depositado todas sus dádivas; los alimentos cultivados en la región son sustanciosos y rebosan de intenso sabor gracias al clima templado y la lluvia constante. El mismo venero de nutrientes de Cibao sustenta las hojas de tabaco que se utilizan para producir cigarros y los altos tallos de la caña de azúcar que se requiere para destilar el ron. Así que adelante, hunda las manos en esta rica tierra, palpe el sustento vigorizante y huela el aire de las montañas. Sienta los 500 años de vida agraria y las muchas generaciones de familias que han trabajado la tierra. Eso le ayudará a apreciar el sabor cada vez que pruebe una copa de ron añejo superior o que dé una fumada de un fino cigarro robusto producido en la República Dominicana. El boom Es posible que el puro cubano haya conservado su prestigio a lo largo de los años con la ayuda de aquellas imágenes icónicas de Hemingway, el Che y Castro fumándolos, pero los auténticos amantes del cigarro saben que su calidad ha menguado últimamente debido a la radical sobreexplotación de la tierra. Écheles un ojo a las calificaciones publicadas por revistas como Cigar Aficionado y observará que la mayoría de los mejores cigarros en todas las categorías, de "robusto" hasta "churchill", corresponden a marcas dominicanas. Esto se debe, en parte, a que muchos de los manufactureros cubanos relocalizaron sus fábricas en Quisqueya. Por ejemplo, una de las marcas más reconocidas, Davidoff, pertenece a un manufacturero que en 1990 cerró operaciones en Cuba y mudó la producción de su galardonado tabaco a los valles fértiles de Santiago. Otras inversiones de tabaco en la República Dominicana incluyen el Macanudo, el Partagás, el H. Upmann, el Montecristo, el Te-Amo y el Don Diego. Cuando visite la isla, no deje de comprar un buen puro y sentarse a saborearlo con una taza de café fuerte, una copa de vino o un vaso de ron dominicano, claro está, en buena compañía y al aire libre con vista de fondo. No olvide que el arte de fumar un puro incluye no inhalar el humo. El truco es respirar por su nariz mientras llena lentamente su boca con el humo. Saboréelo un momento y luego exhale poco a poco. El mejor lugar donde comprar un buen puro dominicano es en una tienda especializada que guarde los suyos en un humidificador bajo condiciones óptimas de luz, temperatura y humedad. Encontrará establecimientos similares en toda la isla. Recomendamos visitar la Boutique del Fumador, localizada en la zona colonial de Santo Domingo, justo frente al Parque Colón y la Catedral de Santa María. Entre y siéntese a hojear una revista mientras observa el tráfico de compradores, algunos con órdenes de hasta 200 cajas de puros. Aquí también podrá ver cómo se fabrican los puros a mano. No dude en probar uno. Relájese, no hay prisa, disfrute bien de su tiempo al estilo dominicano. Ron, rhum y rum La historia del ron es la del Caribe. Los primeros colonizadores trajeron la caña de azúcar de África y descubrieron que el clima antillano le sentaba muy bien. La caña se trituraba para obtener su jugo, el cual luego se cocinaba para producir azúcar cristalizada para el ávido mercado europeo. Lo que quedaba era el melado o melaza. Los colonizadores se asombraron al hacer el feliz descubrimiento de que si exponían este almíbar pegajoso al sol por suficiente tiempo, agregando un poco de agua, fermentaba hasta convertirse en algo parecido al ron actual. La industria del azúcar catapultó al Caribe hasta las primeras filas de la economía del siglo XVIII y la vida económica y social giraba en torno a las numerosas plantaciones de caña. También la industria del ron empezó a prosperar en las islas —en gran parte debido a la sed de la armada británica—, pero no fue sino hasta fines del siglo XIX cuando hombres como don Andrés Brugal Montaner, don Erasmo Bermúdez y Julián Barceló llegaron a la República Dominicana y comenzaron a experimentar con mejores procesos de refinación. Actualmente, las marcas Brugal, Bermúdez y Barceló de fino ron dominicano son muy apreciadas por su suavidad. A diferencia de la mayoría de los rones, el dominicano se produce mediante un proceso más natural de destilación y su añejamiento a menudo se lleva a cabo en barrilitos especiales de roble blanco americano. Debido a ello, es un poco más fuerte y menos dulce que los rones producidos en lugares como Jamaica y Barbados. De los más de cuatro millones de cajas de ron dominicano que se producen al año, la mayoría corresponde al ron blanco (o plateado o ligero) que se utiliza para preparar cubas de ron con refresco de cola, piñas coladas o daiquirís. Otra bebida popular que está disfrutando un segundo aire es el mojito, que se prepara con ron blanco superior, azúcar, limón y hojas de menta recién molidas. Esta fuerte creación cubana es peligrosa: si está bien hecho se resbala con demasiada facilidad por la garganta. El ron superior de color oscuro o ámbar se conoce como añejo. Se le añeja para suavizar el sabor y, al igual que sucede con el whisky escocés, entre más tiempo de añejamiento tiene, más suave y refinado se vuelve. Algunas de las bebidas de reserva que más se recomiendan son las galardonadas variedades elegantes de ron Barceló Imperial y Gran Añejo. A algunas personas les gusta tomárselos sin hielo, o bien con hielo pero sin mezclarlo con otra bebida. No obstante, para la mayoría de los paladares quedan perfectos con un poco de agua tónica y una rodaja de limón.
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